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La imposición del islam ha causado más de tres millones de muertos en Sudán desde 198
23/11/05

MundoLos católicos son obligados a convertirse al mahometismo y se les detiene si se resisten

Más de tres millones de muertos y un número superior a los cinco millones de seres humanos desplazados es el balance que arrojan los ya 20 años de guerra civil en Sudán. Una guerra que viene motivada, entre otros factores, por la islamización forzosa y la persecución de las minorías no mahometanas orquestada desde un Gobierno que impone la «sharia» a toda la población. Los católicos sudaneses son obligados a convertirse al islam, sufren bombardeos, detenciones arbitrarias, son convertidos en esclavos o mueren de hambre ante la pasividad de la comunidad internacional.


Juan Manuel Rodríguez - Madrid.-

Sudán, en pleno corazón de África, es un país olvidado. Con una población de casi 29 millones de habitantes ¬de los que casi cuatro millones son católicos¬ vive una continua guerra civil, motivada entre otros factores por cuestiones religiosas, ante una alarmante pasividad de la comunidad internacional.

El sur del país, de mayoría cristiana y animista, se levantó en armas en 1983 cuando el Gobierno del norte musulmán, por presiones de Arabia Saudí y otras naciones, impuso la «sharia» o ley islámica a toda la población. Desde entonces ya han muerto, según Ayuda a la Iglesia Necesitada, alrededor de tres millones de personas y el número de desplazados ronda los cinco millones. La guerra, que continúa desde hace 20 años, sigue cobrándose víctimas, sobre todo entre los habitantes del sur, que sufren bombardeos, homicidios, arrestos arbitrarios, esclavitud o la muerte por hambre, al no someterse a la islamización gubernamental. Manos Unidas denuncia que el ejército y los paramilitares «bombardean sin piedad, utilizan el hambre como arma, entran en los poblados y arrasan con lo que encuentran a su paso, matan a los hombres y, para vergüenza de los que nada hacen por impedirlo, secuestran, para utilizarlos como esclavos, a niños y mujeres».

Aunque en la Constitución se prevé la libertad religiosa para las confesiones distintas del islam, el Gobierno sudanés limita gravemente este derecho y tiene en marcha un proceso de radical arabización e islamización de todo el territorio como uno de sus mayores objetivos. Según el «Informe sobre la Libertad Religiosa en 2002» emitido por Ayuda a la Iglesia Necesitada, la autoridad sudanesa «continúa limitando la actividad de los cristianos (...). Los no musulmanes no pueden hacer proselitismo y la apostasía es considerada un delito gravísimo». El informe explica que éstos no musulmanes «son tratados como ciudadanos de segunda clase, en muchas ocasiones amenazados o arrestados por las fuerzas del orden», y denuncia las conversiones forzosas al islam a las que son sometidos los cristianos. Los obispos católicos sudaneses han condenado en repetidas ocasiones al Gobierno por su campaña discriminatoria de islamización impuesta. El arzobispo de Jartum, monseñor Gabriel Zubeir Waco, ha asegurado que «las rebeliones en contra del Gobierno han sido, generalmente, conducidas por cristianos. En consecuencia, el Gobierno y las fuerzas políticas continuamente repiten que los cristianos actúan en contra del país. Ahora el Gobierno afirma que la guerra existente va dirigida contra el islam, y, por ello, las autoridades obligan a la gente a levantarse en armas para defender el islam y el país en contra de los enemigos». «Posiblemente los ciudadanos del primer mundo oyen que nuestra guerra no reviste un carácter religioso, sino que se trata de la rebelión de un grupo de desgraciados políticos del sur que quieren tomar el poder. Pero en Sudán la guerra es una llamada para defen-der el islam», apostilla. «Es la Yihad, la Guerra Santa», dice el obispo de Torit, monseñor Paride Taban.

El jefe del régimen de Jartum, el jeque Hassan el Tourabi, manifestó bien a las claras los motivos que animan a esta cruenta persecución: «La era del cristianismo se acabó. El siglo XXI es la era del islam».

Fuente: La Razón.






Los obispos sudaneses culpan a la comunidad internacional de su situación

J. M. R. - Madrid.-

La Iglesia de Sudán se muestra rotunda a la hora de depurar responsabilidades sobre lo que ocurre en su país: «La comunidad internacional no puede eludir la culpa y tolerar la guerra en Sudán durante tanto tiempo. Se ha de culpar. Es responsable de ello y no puede huir. Puede intentar encontrar disculpas, pero es culpable por silenciar lo que ocurre desde hace años en Sudán del sur», manifiesta monseñor Erkolano Lodu Tombe, obispo de Yey. Los prelados suda-neses se quejan de ese silencio mundial sobre la situación de los cristianos y apuntan a las causas que provocan dicha ignorancia: «Nadie nos tiene en consideración, pues somos las víctimas de los intereses de Sudán. Y allá donde no hay intereses, tampoco hay ayuda. La palabra humanidad se convierte en una mentira cuando muere alguien en el que no se tiene interés. Déjalo morir, no es importante , son las frases para aquellos cuyas vidas no interesan», explica amargamente monseñor Tombe. «Nos sorprende que en cuanto surgen conflictos en otros lugares se intenten resolver con tanta celeridad, mientras aquí seguimos como estábamos... y cada vez es peor», añade monseñor Joseph Abangite Gasi, obispo de Tombura-Yambio.

Islam, ejército y escuela

En este contexto, la amenaza islámica se convierte en el principal enemigo a quien temer, con un Ejército al servicio de la autoridad coránica: «Las tropas del Gobierno actúan como misioneros y apóstoles del islam para convertir a todos en mahometanos, incluidos los católicos. Todos los gobiernos de Jartum, y especialmente el actual, quieren hacer de Sudán un país de religión y cultura islámica», denuncia monseñor Tombe. «El plan de enseñanza en primaria está totalmente islamizado. Para aprender árabe hay que aprender el Corán. En todas las asignaturas, incluso en Matemáticas, hay citas que hacen referencia a dicho texto. Se han desfigurado los libros, eliminando de los programas la larga historia de Sudán como país cristiano. Los niños de hoy en día no conocen la historia de su país», narra monseñor G. Zubeir Waco.

Fuente: La Razón.




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